martes, 5 de mayo de 2015

Román

"Los gatos son traicioneros, con ellos hay que andarse con cuidado"

Ha pasado ya oficialmente un año desde aquel día en que nos dejaste, ha sido un poco largo, te he extrañado mucho, a veces muchísimo. Tengo todavía el último de tus collares conmigo y lo veo a diario, a veces suena por pasarlo a llevar y me recuerda a ti con tu caminata densa y ligera.

Me robaste el corazón y la otra parte te la regalé. Con mucha felicidad te digo que no me arrepiento, lo haría las una y mil veces que faltan por encontrarme contigo.
Fuiste mi primer minino, pero no el último, y estoy más que segura de que tendrá que pasar mucho tiempo para que otro supere al gatito educado, paciente y atento.


Me va a costar olvidar cómo esos ojitos azules se convirtieron en verdes cuando creciste, o los ronroneos cagones y casi no escuchables que emitías. Eso era lo que más me gustaba de ti, tus ronroneos. Me hacían sentir especial, de una forma en que sólo un ser tan precavido puede querer y confiar en otro y tu lo estabas haciendo conmigo, con nosotras.

Tus celos jamás se me van a olvidar, lo territorial que eras con tus mamis, podías manipular a cualquiera con tus encantos pero eras otra cosa cuando se trataba de alguna de nosotras. Por esa singular razón decidí en un momento determinado de mi vida alejar a toda esa gente que no te agradaba de mi, por algo siempre fuiste tan protector, nunca hacías las cosas por que sí.

Me he preguntado sobre el tema del amor una infinidad de veces en el último tiempo, y con un poco de penita y mucha alegría me recuerdo sintiendo amor por ti, y a tu manera dando lo mismo hacia mi.
Y recuerdo ese día en que casi te comiste mi avena, mientras escuchaba la canción de Jorge Drexler "Me haces bien". Esas últimas fotos contigo aún las tengo, ahora mi notebook es un templo donde guardo tus recuerdos.

He andado muy sensible por el tema, no me di cuenta hasta que estallé y me percaté de que en mi interior, ese interior del que no te das ni cuenta, ese interior aún está pendiente de la fecha, aún le duele mucho el que no estés, ese interior aún no supera el que te hayas ido. Sinceramente porque me hacías bien maldita porquería de gato.

Éramos iguales, igual de desconfiados, igual de cautelosos, igual de celosos, igual de preocupados por los demás, igual de mañosos, igual de enojones, igual de hinchapelotas, igual de infantiles, igual de rencorosos (sí, podía verlo en tus ojos), igual de patudos, igual de orgullosos, igual de vividores de la noche. Pero la gran diferencia (además de ser tu tan divo, aunque ahora te estoy alcanzando) es que tu eras sincero. Tú si eras realmente sincero en quien querías tener o no a tu lado.


Por esa misma razón es por la que mi interior y exterior tanto te extrañan, porque tu realmente me querías a tu lado, a pesar de todas esas pesadeces que te hice, de tenerme ese rencorcito por todas las veces que te reté, bañé y te ponía el talco para las pulgas. A pesar de todo eso me querías de verdad, tu de verdad sabías ver dentro de mis ojos y aceptarme como tal, a ti de verdad te agradaba la Valentina con todas las cosas que tenía, que para que estamos con cuentos si son muchas que se confunden y que hasta a mí me llegan a confundir y pensar que soy una persona detestable, pero tu no, tu me querías igual. Algo dentro de mí encontraste y te gustó mucho.


Quiero tenerte conmigo otra vez en parte física, quiero acariciarte de nuevo como cuando te ponías a dormir dentro de mis sábanas, quiero ver esos ojitos que tantas emociones me arrancaron, quiero ver a ese gatito inteligentemente vivo para todo.

Quiero que por una última vez me vengas a buscar por las mañanas y que al no responderte botes mis cosas hasta bajar, darte de comer y abrirte la ventana.
Si fuera posible, sería capaz hasta de revivirte por un momento más de ti.

Valentina Bernal
05/04/2015

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