Hace poco tiempo he comenzado a frecuentar por mera casualidad, a una persona con la que en su momento sentí un feeling de amistad muy fuerte y que por cosas de la vida dejamos de hablar, de frecuentar, a veces de saludar e ignorar. En su momento me dolió mucho, no lo entendí e incluso me sentí muy culpable por esa separación.
Pero ahora que "por obligación" tengo que verle, me he dado cuenta de un asunto muy importante, que en su momento no lo vi y que tampoco pensé que llegaría a ver.
Ahora, con toda la seguridad que tengo en cada parte de mi cuerpo, he de decir que me alegro de aquella separación. Con cada pequeño momento en que he estado escuchándole, o el verle interactuar de la forma en que lo hace, de las cosas a las que pone énfasis... creo sinceramente de que yo no sería la persona que soy ahora si hubiese seguido manteniendo el contacto que teníamos.
Si bien sufrí mucho en su momento, fue porque para mí cada persona que tengo es valiosa, extremadamente valiosa. Tampoco me arrepiento de haber sufrido, de hacerlo me estaría arrepintiendo de la persona que soy ahora.Siento de que esta situación me ha hecho abrir los ojos y en el momento en que tenía que ocurrir, de lo contrario seguiría preguntándome si fue porque tenía que ser.
Lo que son las vueltas de la vida, tan irónicas.
He de ser la persona que he elegido ser y me siento segura de ello, no quiero cambiar nada de mi, porque me gusta todo lo que tengo, mis falencias y mis virtudes.
Las personas que se han quedado valen mucho más de lo que piensan que valen para mi.
Y de las que se han ido no puedo decir mucho, los momentos fueron bonitos, pero de cierta forma había algo imperceptible que nos separaba.
Y he aquí la diferencia sobre la persona que sería si hubiésemos seguido como amigos, no me habría gustado tanto como soy ahora con la partida de todos ellos.
Valentina Bernal
11/10/2015
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